INTRODUCCIÓN
Una
economía globalizada es un tipo ideal distinto de la economía internacional y
puede ser desarrollada en contraste o en paralelo con ella. En tal sistema
global las distintas economías nacionales se subsumen y rearticulan dentro de
procesos e interacciones internacionales. El sistema económico internacional se
derrumba y desgaja produciendo la anarquía en la medida en que la producción
llega a ser totalmente globalizada.
En
el ámbito de las organizaciones la conceptualización teórica de este fenómeno
de la globalización económica, las llevará a tomar riesgos compartidos y
oportunidades a través de inversiones Inter- organizaciones, asociaciones,
integraciones, etc. intento que podría contribuir a incrementar los factores o
variables relevantes de éxito, al mismo tiempo que originan y determinan las
transformaciones en las estructuras y procesos productivos y organizacionales
de las empresas globales que propician la eficiencia que les permita
reinsertarse en la competencia global. En este contexto, la globalización de la
economía producirá la transformación de las organizaciones nacionales en
organizaciones globales presionando hacia la heterogeneidad y la coexistencia
de distintos niveles tecnológicos con eslabonamientos productivos entre empresas
-incluso de una misma rama - débiles y discontinuas, con patrones de producción
y paradigmas de eficiencia muy diferentes. Hasta que evolucionen para
integrarse al mercado global.
La
competencia en el mercado global y la acelerada dinámica del desarrollo
científico y tecnológico, ambos responsables de las transformaciones que de
manera dramática alteran la configuración tecno-económica, modifican la
tecnología organizacional requerida para configurar una nueva arquitectura
organizacional ante nuevas plataformas científico-tecnológicas que transforman
los procesos de producción orientados hacia la completa domesticación de la
producción para satisfacer las demandas especificas del mercado. El nacimiento
de cuerpos de gobierno y empresas globales cambiará para siempre la naturaleza
de la política internacional.
Estos
elementos que están presentes en la orientación económica contemporánea, de
algún modo, configuran un sistema político, económico y social ligado en forma
indisoluble a dos procesos estrechamente relacionados: la competencia derivada
de la economía global y la dinámica del desarrollo tecnológico, que además de
generar las condiciones para la consolidación de un cierto sistema, imponen un
nuevo paradigma de eficiencia, entendiendo por ello la sustitución de un modelo
rector del progreso tecnológico-comercial que las empresas utilizaban para
identificar y desarrollar los procesos, productos y sistemas de gestión más
rentables a partir de las alternativas tecnológicas que estaban disponibles en
el mercado.
Las
nuevas formas e intensidades que la competencia adquiere en el marco de una
economía globalizada, manifiestan su significado e importancia por una parte,
en las colosales dimensiones que adquieren las organizaciones transnacionales
líderes del mercado global y, por otra, en las modificaciones que está
experimentando la conducta empresarial.
Las
dimensiones y las complejas articulaciones y características que adoptan las
estructuras tecno-económicas de las corporaciones productivas, financieras y
comerciales contemporáneas, simbolizadas por las empresas transnacionales, que
aunque poseen elementos comunes son extremadamente diferenciadas, corresponden
a un mismo proceso de concentración y centralización del capital, pero se
cristalizan en distintas formas y por ello, no existen modelos únicos
susceptibles de ser aplicados en forma universal. La magnitud del mercado
global de las TICs crecerá en un futuro inmediato debido a la liberalización de
los mercados y la privatización de los servicios, procesos que se están
llevando a cabo a escala mundial y están modificando dramáticamente la
configuración de los mercados exigiendo a las empresas del sector un cambio
radical en sus estrategias antes basadas en la manutención de posiciones
monopólicas derivadas de su naturaleza tecnológica. Sin embargo, en relación a
los efectos generados por la innovación en éste sector quizás de mayor
importancia sean las asociaciones que están siendo forjadas entre las empresas
de información y telecomunicación tales como aquellas dedicadas a la
información de sistemas tecnológicos, las que proveen información, las empresas
de publicidad, editoriales medios escritos y electrónicos, etc.
Existen
otros aspectos de la competencia global que es preciso destacar. Para efecto de
nuestro trabajo en relación a las empresas transnacionales y globales y la
competencia queremos destacar un aspecto específico de su actividad. Aunque
dicha conceptualización enuncia una forma que está íntimamente relacionada con
el fenómeno que nos preocupa (esto es, son resultado de un mismo proceso de
internacionalización del capital) la evolución del proceso está generando
entidades diferentes: la empresa global.
ERRORES DE LA GLOBALIDAD Y LA GLOBALIZACION ECONOMICA
Antes
que nada partamos por establecer las definiciones:
Globalismo: Es una ideología, porque va más allá de
la descripción de un orden de cosas para convertirse en un conjunto de
propuestas y juicios de valor sobre él. Es
una teoría, un conjunto de ideas, una construcción ideológica, una elaboración
conceptual que explica la globalización y
trata de justificarla desde el punto de vista ético. Exalta sus excelencias,
defiende sus logros, impulsa sus estrategias, difunde sus virtudes. e intenta convencer a la gente de sus
bondades. Es un enfoque muy
amplio que va desde la defensa y justificación de los intereses geoestratégicos
de los países dominantes hasta la “mundialización de la cotidianidad” que se
manifiesta en las agendas de trabajo de la gente, los tópicos de su
conversación, las informaciones diarias, los usos, costumbres y hasta los giros
idiomáticos que tienden a extenderse e imitarse.
Globalización: Es un proceso socioeconómico, una realidad tangible
compuesta por una serie de sucesos objetivamente dados.
Globalismo: Es un proceso ideológico que procesa y modifica la
realidad encubriéndola, simplificando la globalización económica hasta
convertirla en el mejor mundo posible. Se entroniza al mercado en solución
universal, presentándolo como el fin de la historia, legitimando socialmente de esta forma la
globalización económica. La expansión del sistema capitalista necesita algún
velo encubridor que cuente con infraestructuras y medios para defender los
intereses de los que salen ganando.
La
mundialización se hace a costa de los recursos, la dignidad, los derechos y la
cultura de los pueblos más débiles. El recetario del globalismo propugna que
todo lo que implica crecimiento de la producción y acumulación de riqueza es
bueno de por sí. Estas ideas ignoran que no se puede confundir el crecimiento
económico con el desarrollo humano.
El secreto último del globalismo está en la
destrucción de las estructuras como los servicios de la salud, educación,
protección social, seguridad ciudadana, que han sido hasta hoy el distintivo de
una civilización que se ha construido sobre el pacto social.
La globalización profundiza la lógica
capitalista de búsqueda de beneficios que consagra la fractura capital-trabajo.
La informatización y automatización de la producción y de los servicios han
liberado al trabajo humano de una exagerada carga, pero sus beneficios no son
repartidos de igual modo. El capital necesita apropiarse íntegramente de las
ganancias para ser competitivo y el consumismo es su expresión.
La globalización económica es inseparable de la
globalización cultural que se vehicula desde el telégrafo hasta las nuevas
tecnologías de la comunicación. Allí donde no llega el agua potable, llega la
televisión como pionera del imperialismo cultural. Estos medios poseen gran
capacidad para disolver los marcos tradicionales de vida estableciendo nuevos
valores y formas de conducta.
El globalismo afirma que la actual globalización
económica resulta beneficiosa para todos los que quieran aprovechar esta
oportunidad que pretende extender sus bienes a todos los rincones de la
tierra.
Pero no a todos los lugares donde entra Mac
Donald llega el paraíso, ni que todos puedan consumirlo. Hoy se sabe que la
globalización económica fracasa en unos cien países y evita los lugares donde
presuntamente no tiene ganancias, como es el caso de gran parte de África. El
globalismo refleja en todas sus dimensiones las diferencias y el dominio de los
pueblos más ricos sobre los pueblos pobres y excluidos y la doblez del
lenguaje. Son proteccionistas, distorsionan el mercado libre, contaminan la
atmósfera y agotan los recursos naturales; exigen a los países pobres el
desmantelamiento de sus barreras arancelarias, mientras que ellos mismos las
refuerzan. De esta forma va creando focos de inestabilidad social.
El globalismo se
mueve en el orden teorético mientras que la globalización camina sobre la realidad tangible de lo
económico y social. Como muchas de las ideologías, el globalismo obedece a
intereses dominantes, en este caso de los países desarrollados. Y tiene también
sus ideólogos, sus seguidores —que son los globalistas—, sus aparatos de resonancia y su estructura
propagandística.
El globalismo defiende
la nueva estrategia de dominación de los países industriales que es la globalización, enaltece el
fundamentalismo del mercado, exalta la libertad de comercio, brega por el
abatimiento de las barreras arancelarias, impulsa el flujo libre de los
factores de la producción —excepción hecha de la mano de obra, a la que somete
a muchas restricciones, incluso racistas—, propugna el desmantelamiento del
Estado, implanta la monarquía del capital, fomenta la internacionalización de
la economía, promueve el uso de las nuevas tecnologías, defiende la “desregulación” de las actividades económicas, favorece la
homologación de las costumbres y la imitación de las pautas de consumo y
fortalece la sociedad consumista. Pero otorga diferentes dosis de libertad y
distintas velocidades de movimiento a los factores de la producción, tales
como:
Da libertad absoluta a los capitales, Libertad
relativa a los bienes y servicios, Reducida libertad a las tecnologías y
Exigua o ninguna
libertad a los movimientos de las personas.
Esta ideología empezó a forjarse a partir del
colapso de la Unión Soviética y de la terminación de la guerra fría, cuando las potencias
de Occidente quedaron sin contrapesos geopolíticos.
Uno de sus objetivos estratégicos es la conquista
de mercados dentro del mundo comercial redondo y no planisférico que surgió
cuando, después de la terminación de la guerra fría, a la concepción meramente
plana del intercambio internacional le sustituyó su visión rotunda. Surgió
entonces el concepto de “lo global”.
Los medios de comunicación saltaron fronteras,
las comunicaciones alcanzaron escala planetaria, el capital y los demás
factores de la producción se desplazaron por el mundo, se intensificaron los
intercambios internacionales.
El planeta se convirtió en un solo y gran
mercado financiero, comercial, bursátil y crediticio abierto las veinticuatro
horas del día.
El globalismo es un fenómeno impresionante, ya
que su exaltación teórica e ideologica fue elaborada por los ganadores del
sistema para defender sus intereses. Con las más sutiles argumentaciones ellos se afanaron en
explicar y justificar la destrucción del Estado y el asalto a las soberanías
nacionales y de cohonestar los excesos irracionales del sistema.
La globalización conduce inevitablemente hacia
la “occidentalización” del planeta o, más exactamente, hacia su
“norteamericanización”, puesto que las tecnologías de última generación y sus
productos, generados en su mayor parte en los Estados Unidos, son vectores de
valores culturales, de formas de pensar, de estilos de vida y de maneras de
hacer las cosas en el marco de la “aldea global” de la que hablaba Mac Lughan.
Ellos son portadores de una ideología capitalista, de una concepción
unidireccional y de un «pensamiento
único». Favorece a las empresas transnacionales —cada vez más poderosas en
lo económico, financiero y político—, que controlan alrededor de la tercera
parte de la producción industrial del mundo. Genera nuevas desigualdades y
profundiza las existentes dentro de los países y entre los países.
GLOBALIDAD Y TOMA DE DECISIONES
El globalismo ha
sido tan eficiente como portador de ideas e inoculador de intereses, que logró convencer de las bondades de la
globalización e incluso a quienes son sus víctimas. Ha manejado con suma
habilidad la impostura de confundir las nuevas y prodigiosas tecnologías que se
han extendido por el mundo con el régimen político que las utiliza. Y con gran
astucia ha difundido la idea de que lo que conviene a los países industriales
conviene a todos. Así ha formado
opinión en el mundo y ha logrado que el sistema reciba respaldo en el interior
de los países cuyos mercados son invadidos y desmantelados sus aparatos
productivos.
A todos quienes han
desenmascarado sus falacias y se han negado a dejarse engañar o no han prestado
complicidad a sus proyectos de concentración del ingreso les ha endilgado el
calificativo de “dinosaurios”, que ha recorrido el mundo con la misma velocidad que los demás elementos de la globalización.
La homologación de las
estrategias, las tácticas, los métodos y hasta la retórica en todos los lugares
es parte de globalismo y de la globalización. Una
de esas estrategias es convertir las prioridades de la economía privada en
políticas del Estado y una de esas tácticas es vincular las tecnologías de
última generación con el ultraliberalismo —fenómenos que en realidad son
independientes—, de modo de sugerir subliminalmente que entre ellos hay una
relación de efecto a causa.
Las actividades económicas,
financieras y comerciales globalizadas requieren una base física donde
desarrollarse, pero esa base física ya no es el territorio de un Estado sino
una zona mucho más amplia, comprensiva de varios Estados. Este es el nuevo espacio
global. O sea el espacio que necesitan la producción y la tecnología de los
países grandes para expandirse más.
El globalismo ha
“desterritorializado” la política y la economía. Las ha liberado de las
fronteras nacionales. El territorio estatal para los efectos de la producción y
el intercambio ha pasado a ser menos importante que el tiempo como dimensión de
la economía; cuentan cada vez menos los factores condicionantes de la actividad
política y económica. Las “plazas financieras” no coinciden, como antes, con la
diagramación territorial de los Estados.
La “alianza” entre las
telecomunicaciones, la informática y los transportes ha empequeñecido el
planeta. Ha vencido las dificultades que antes le imponía la geografía.
A las <corporaciones
transnacionales no les interesa la territorialidad, en el sentido
estatal de la palabra.
Zaki Laïdi para designar
los signos, señales y valores venidos del resto del mundo que favorecen una
acción o serie de acciones dentro de un país o que las hacen necesarias.
Laïdi sostiene la forzosidad
de la globalización, estimulada por aquellos mensajes. La globalización, según
él, cuenta con el auspicio del tiempo mundial —world time— lo
mismo que la perniciosa inversión especulativa de corto plazo en escala planetaria.
CRITICAS A LA GLOBALIDAD
•Adolece de un gran déficit democrático.
•Las gestoras del Cibercapital son principalmente transnacionales, que transgreden todas las normas económicas,
laborales, sociales, tributarias y medioambientales de los diversos países que
con su "sacralización" del libre mercado, escapa de los controles
estatales.
•El cibercapital entraña un eso de integración económica
y tecnológica entre las grandes corporaciones supranacionales —lo supranacional,
multinacional o transnacional no se refiere a la
propiedad de las empresas sino a su ámbito de acción—, que expanden sus tentáculos
financieros alrededor del planeta.


